10 de abril de 2017

10 de abril de 2017 - , , Sin comentarios

Rincones de Sevilla: La Sevilla de la Expo 92

El domingo pasado nos adentramos de la mano de Ispavilia en la Sevilla de la Expo 92. Una vez más son los elegidos para descubrirnos esta zona, con pelos, señales y documentos gráficos, en su 25 aniversario.

En este caso, es Andrés quien con su entusiasmo intenta transmitirnos su pasión por esta exposición. Comenzamos la ruta en la pasarela de la Cartuja, una de sus puertas de entrada, donde también se encontraba la estación del telecabina. Allí nos hace una introducción para poder entender las múltiples transformaciones que se produjeron en la ciudad en los años previos a la exposición.

Vista recinto Expo desde calle Torneo

Sevilla ha sufrido tres grandes transformaciones urbanas a lo largo de su historia. A finales del s.XV y principios del s.XVI se hace con el monopolio del comercio con América, lo que supuso cambios principalmente en las zonas del Arenal y la Catedral.

Las otras dos se produjeron en el s.XX gracias a dos eventos: la Exposición Iberoamericana de 1929 y la Exposición Universal de 1992. En 1929 la intervención más significativa fue en el recinto de la exposición, que abarcaba el Parque de María Luisa, Prado de San Sebastián, palacio de san Telmo y paseo de las Delicias.

En los años 80, se propuso Sevilla como sede de la exposición que conmemoraría el quinto centenario del descubrimiento de América. Sería una exposición con dos sedes, la otra al otro lado del océano, en Chicago, que finalmente declinó su participación. Para preparar la ciudad de cara a este evento, se realizaron unas intervenciones en la infraestructura del transporte que cambiaron completamente la imagen de la ciudad.

Se modificó el trazado ferroviario, centralizándolo en la estación de Santa Justa y cerrando las antiguas estaciones de Plaza de Armas (estación de Córdoba) y San Bernardo (estación de Cádiz). Las vías del tren recorrían la actual avenida de Torneo, donde un muro no permitía la visión del río. Se eliminó este ramal ferroviario y se creó una gran avenida abierta al río. Todavía nos recuerda esta época la torre de cambio de agujas, que se encuentra a nuestra derecha.


Torre cambio de agujas en calle Torneo

También se construyeron nuevas rondas urbanas (Triana, Tamarguillo, María Auxiliadora, Alamillo), vías de acceso a Sevilla y grandes avenidas como Torneo y la Buhaira. Y como no, zonas verdes, los parques del Alamillo, Miraflores, Buhaira, Amate, los jardines del Guadalquivir y el jardín Americano.

Pero lo más importante fue la intervención en el río, restaurando su cauce y eliminando el tapón de Chapina. A mediados del s.XX se cegó el cauce histórico del Guadalquivir (para proteger la ciudad de crecidas del río) y se construyó un "tapón", donde incluso se habilitaron instalaciones deportivas.


Tapón de Chapina
@Juan Lebrón (fotograma Sevilla en el Alma)

Se crearon seis nuevos puentes (Alamillo, Barqueta, Cartuja, Cachorro, de las Delicias y del Centenario), sin pilones sobre el río, para permitir la navegación. El puente del Cachorro se construyó sobre el tapón de Chapina y se le conoce por distintos nombres, pero el que más nos sorprendió es Puente de los Leperos (que nadie se ofenda), ya que se inauguró el puente antes de que el río cruzase por debajo.


Puente del Cachorro sobre el tapón de Chapina
@sevilla-insolita.blogspot

Y tras esta introducción, nos disponemos a seguir un recorrido semejante a éste y ¡marcado sobre un antiguo plano de la Expo 92!


Plano del recinto de la Expo 92

Cruzamos la pasarela y llegamos al Camino de los Descubrimientos, eje temático de la exposición. A la izquierda observamos dos grandes pabellones temáticos, pertenecientes al país organizador, el pabellón de la Navegación y de los Descubrimientos. y una torre panorámica de 92m de altura, la torre Schindler. Otro mirador curioso de la ciudad, que nos dejó (en otra ocasión) esta vista sobre el monasterio de la Cartuja.


Panorámica monasterio de la Cartuja desde Torre Schindler

Dos meses antes de la inauguración de la Expo 92, se produjo un incendio en el pabellón de los Descubrimientos, que dejó irrecuperable gran parte del mismo. Sólo se pudo conservar el cine Omnimax, uno de los espacios más aclamados de la muestra, una pantalla semiesférica sobre una cúpula que permitía dar una sensación de realidad asombrosa. Por desgracia, se demolió en 2006.

Nos detenemos frente al monasterio de la Cartuja, un edificio singular, en el que se mezcla arquitectura religiosa e ingeniería, ya que en su día acogió la fábrica de cerámica Pickman, que funcionó hasta 1982, cuando la trasladaron a Saltera.

A nuestra izquierda observamos bajo una rejilla la cápsula del tiempo, una fosa de cierta profundidad que se llenó de brea. Fue inaugurada el último día de la Expo 92 para depositar todo tipo de objetos que pudiesen ser encontrados en el futuro: desde los discursos de la exposición hasta periódicos de la época pasando por recuerdos de los visitantes.


Cápsula del tiempo Expo 92

Para la Expo 92 se recuperaron los edificios de la antigua fábrica de cerámicas (abandonada durante los años 80) y la zona de huertas. En este lugar histórico Cristóbal Colón preparó sus expediciones a América. Incluso se dice que el ombú que está justo a la entrada del Centro de Arte Contemporáneo, fue plantado por su hijo, Hernando Colón.

Ombú en el Monasterio de la Cartuja

Dentro del recinto del monasterio se encuentra el Pabellón del siglo XV, otro pabellón temático, una muestra escéncia de la Europa del s.XV. Como peculiaridad tenía un teatro giratorio, es decir, el patio de butacas estaba sobre una plataforma que giraba.


Pabellón del siglo XV

También estaba el Pabellón Real, donde los jefes de Estado y Gobierno que visitaron la muestra firmaban en el Libro de Honor.

Salimos de nuevo hacia el Camino de los Descubrimientos, y podemos ver como en la entrada todavía queda una de las antiguas taquillas y una valla. Ésta es curviforme y representa los meandros del río Guadalquivir.

Nos dirigimos al Jardín Americano, un parque botánico en el que se plantaron cientos de especies originarias de América y no presentes en nuestro continente. Pasamos debajo de la pasarela, donde hay un mosaico cerámico inspirado por Celestino Mutis (¡el que salía en los billetes de 2000 pesetas!) con especies del nuevo mundo.


Mosaico cerámico inspirado por Celestino Mutis

A nuestra izquierda observamos el Puerto de Indias, que albergaba las réplicas de las embarcaciones de Colón y la nao Victoria.

Llegamos hasta el Pabellón de la NaturalezaUmbráculo, una estructura de madera, para proteger las especies tropicales más delicadas, que no debían estar expuestas al sol.


Umbráculo

El resto de las especies americanas se distribuyen en el exterior, como por ejemplo en el jardín de cactus.

 
Jardín de cactus en el Jardín Americano

El parque está cruzado por una esclusa, para el paso de catamaranes durante la exposición, y por un juego de cascadas que unen el canal con el río. 


Esclusa y canales

Volvemos de nuevo al Camino de los Descubrimientos, y paramos delante del auditorio, que estrenó en 1991 Rocío Jurado, de ahí su nombre actual. Se diseñó con un aforo de 4000 personas, muy pocos para los artistas de relieve internacional que actuaron en él y fue el centro neurálgico de eventos culturales.

 
Auditorio Rocío Jurado

Justo enfrente se encuentra la estación intermedia del telecabina (en completo abandono) y el Pabellón de Marruecos, sede de la fundación Tres Culturas.

Aparte del telecabina, para poder desplazarse en toda la extensión del recinto, se podían utilizar otros medios de transporte, como el monorraíl, cuyos tres últimos vagones están expuestos en un centro comercial en Zaragoza; autobuses gratuitos que permitían hacer una visita perimetral al recinto o catamaranes por el lago y los canales.


Monorraíl Expo 92 en centro comercial de Zaragoza 
@expo92.es

La avenida de los Arces estaba recorrida por un muro de cristal por donde caía el agua... del que quedan algunos tramos (rotos) y que emulaba el mar. Al fondo pudimos ver el Pabellón de Kuwait, diseñado por Calatrava, que mantiene actualmente su cubierta móvil cerrada. Se diseñó de manera que a lo largo del día se cerraba para proporcionar sombra a la exposición.


Pabellón de Kuwait
@expo92.es

Siguiendo por el Camino de los Descubrimientos contemplamos también otro pabellón temático, el Pabellón del Futuro, que estuvo dedicado a los últimos adelantos tecnológicos. El Pabellón del Universo acogía un Planetario. Todavía sobreviven la réplica del Hispasat y del cohete Ariane 4.

Sobre el Lago de España y los pabellones autonómicos se construyó el parque temático Isla Mágica.

Nos adentramos al recinto del parque tecnológico y donde debía estar el Palenque, nos encontramos con un solar y un edificio de dos plantas. Una plaza para eventos diurnos, que cada día se dedicaba a un país, y que acogió los discursos de reyes, jefes de Estado y representantes políticos, así como los espectáculos de las naciones representadas en la Expo. Por la noche se convertía en discoteca y pista de baile. Su estructura era singular, con toldos cónicos y alrededor una pantalla de vegetación y agua, diseñadas dentro del programa de climatización.

Palenque
@expo92.es

La organización estaba concienciada de que se debía crear un microclima en el recinto, para poder disminuir con éxito las altas temperaturas que se pueden alcanzar en la ciudad en verano y tener así la comodidad de todos los visitantes. El agua estuvo presente en toda la muestra: el río, las fuentes, el lago, los canales, las pérgolas vegetales, la esfera bioclimática, láminas de agua, micronizadores... Como curiosidad, sobre la estructura de las pérgolas había vegetación, por lo que se absorbía la radiación solar sin apenas calentamiento, dando una mejor sensación térmica que bajo toldos de lona. Todos estos elementos permitieron bajar la temperatura del recinto hasta 7º con respecto a otras zonas de Sevilla.

Jardineras sobre pérgolas
@verdeden.com

Atravesamos la avenida del Ombú, pasando delante del pabellón de Chile, que albergó un trozo de iceberg. Fue uno de los participantes de última hora, debido al fin de la dictadura de Pinochet. De la misma manera, las Repúblicas Bálticas entraron por los pelos, y tuvieron un pabellón conjunto. El pabellón de Yugoslavia cesó su actividad a mitad de la Expo por división del país y entrada en una guerra civil.

Nos detenemos frente al pabellón de Cuba, que fue visitado por Fidel Castro y donde ese mismo día se produjeron dos manifestaciones, una en pro y otra en contra de su régimen. El pabellón de Mónaco acogía un acuario que reproducía la fauna del Mar Mediterráneo, en la actualidad pertenece a EMASESA y alberga un acuario con especies del río Guadalquivir. Su fachada reproduce la fachada del casino de Montecarlo.


Fachada pabellón de Mónaco

Enfrente está el pabellón de Rusia, que durante la exposición cambió su letrero de URSS por Rusia. A día de hoy es un auditorio de la SGAE sin inaugurar.

Pasamos por delante de los pabellones de Fujitsu y Canadá. El pabellón de Fujitsu fue uno de los que tuvo más éxito y con más colas de espera, por su película en 3D. En el pabellón de Canadá estaba el cine Imax, que se conserva como auditorio Box. Enfrente el pabellón de la ONCE, actualmente sede de la fundación ONCE. Durante todo el recorrido podréis ver que en el recinto de la muestra no hay barreras arquitectónicas, las aceras y carreteras están al mismo nivel y hay rampas, para que cualquier persona pudiese tener acceso a todos los pabellones.

Nos encontramos con la puerta del Aljarafe, que daba al apeadero del ave y a unos aparcamientos de hasta 40000 plazas. Y atravesamos la avenida de las Palmeras, la avenida central, que no pertenece al parque tecnológico y que es conocida por la esfera bioclimática. Una gran esfera diseñada para expulsar gotas de agua micronizada que una vez vaporizadas conseguían reducir el calor ambiental.


Esfera bioclimática


Micronizador en esfera bioclimática

El pabellón de Siemens estaba diseñado con células solares para alimentar el movimiento de la fachada móvil para dar sombra según el momento del día. Como guiño a la ciudad, los arquitectos quisieron que la línea que forma las terrazas con la rampa apuntase a la Giralda.

Pabellón de Siemens
@expo92.es

El pabellón de Finlandia imita a la garganta del Infierno, un accidente geográfico finlandés. Consta de dos partes, una construida en madera, la quilla y otra metálica, la máquina. Junto con los pabellones de Hungría, Francia, España, Andalucía y de la Navegación, fueron declarados Bien de Interés Cultural.



Pabellón de Finlandia

De los 102 pabellones que se construyeron para la Expo, sólo se conservan 32 en la Isla de la Cartuja. Algunos pabellones fueron destruidos, mientras que otros se desmontaron y regresaron a los países o comunidades autónomas propietarios, para destinarlos a otros usos, como en el caso de los pabellones de Galicia, Asturias, Aragón, Dinamarca, Reino Unido o Suecia. Éste último se ha reutilizado como escuela de hostelería. Durante la Expo, cada noche, se recreaban auroras boreales.

Impresionante el pabellón de Hungría, una de las joyas de la muestra. Su estructura interna está realizada en madera, estructura semejante al vientre de una ballena, y su cubierta de pizarra, que nos recuerda a la quilla de un barco invertida. Los campanarios dieron las horas todos los días durante la muestra. Y en la puerta de entrada, nos observa una máscara de guerra magiar, que recordaba la enemistad con los cristianos, ya que el pabellón de la Santa Sede se situaba justo enfrente.

Estuvo funcionando hasta 2006 como pabellón de la Energía Viva. En 2008 estuvo a punto de ser derribado, pero por suerte se declaró Bien de Interés Cultural.


Pabellón de Hungría

El pabellón de la India simulaba a un pavo real, el ave nacional del país. Un pabellón muy llamativo, que se convirtió en solar poco después de la Expo.

Pabellón de India
@expo92.es

El pabellón de Italia es la sede de la dirección del parque tecnológico de la Cartuja, conocido como el Palazzo. En su interior, al que todavía se puede entrar, nos esperan unos techos altos, escaleras ornamentales y una maqueta de la Cartuja.

Y llegamos hasta la avenida de Europa. El pabellón de la Comunidad Económica Europea era íntegramente subterráneo. Cada una de las torres representa a cada uno de los doce países miembros y su construcción está inspirada en las torres de los hornos de cerámica del monasterio de la Cartuja. Incorporan un sistema de enfriamiento del aire mediante micronebulizadores, en el que el aire entra por la parte superior, se enfría y llega al nivel del suelo. Por la parte central había distintos estanques comunicados, gran parte de ellos tapados con hormigón y césped.


Avenida de Europa

El pabellón de España preside la avenida. Se caracteriza por un cubo, que acogía un salón de exposiciones (una gran pinacoteca con obras españolas de todas las épocas y estilos) y una esfera que albergaba un cine Moviemax, donde el patio de butacas se movía a la vez que la propia película, un viaje turístico por España. Como curiosidad, en el propio cubo se diseñaron orificios para que las aves anidasen y se controlase la población de insectos.

Enfrente está el pabellón de Francia, cuya fachada es un espejo que refleja al pabellón del país anfitrión. Su principal atractivo era el pozo de las imágenes.


Pabellón de España reflejado sobre Pabellón de Francia

Por último atravesamos la avenida del Agua, donde se encuentran los pabellones de México, Puerto Rico o Xerox. Por ella discurría un acueducto que desembocaba en una cascada sobre una pared de vidrio.

Acueducto en avenida del Agua
@expo92.es

Una enorme X sirve de indicativo para el pabellón de México, una x representativa de su país, pero que también podía significar un cruce de culturas. El edificio emulaba un templo azteca y todavía conserva las maquetas de yacimientos arqueológicos en su azotea (no visitables).

Justo delante permanece un mástil, donde se representaba la danza de voladores de Papantla. Y el sahuaro, un cactus centenario del desierto de Sonora, que se trasladó a Sevilla, con mucha polémica, como el iceberg de Chile.

El pabellón de Rank Xerox tenía como atractivo hacer fotocopias en color, tecnología novedosa en 1992, así que los visitantes fotocopiaban su DNI.

Al final de la avenida hay un pequeño auditorio, donde se hacían representaciones de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza para los más pequeños.

Auditorio

Nos acercamos hasta el pabellón de Nueva Zelanda, una reproducción arquitectónica del paisaje avistado por Cook a su llegada a la isla, y donde se hacían espectáculos de danzas maoríes.

Pabellón Nueva Zelanda

Se acerca el final de la visita, ¡han pasado más de 3 horas del inicio, pero se ha hecho muy amena!

El 20 de abril se cumple el 25 aniversario de la inauguración de esta muestra universal, en la que Sevilla descubría al mundo la tecnología del futuro: fibra óptica, 3D, televisión en alta definición, pantallas táctiles, cines Omnimax e Imax... y donde se concentraron multitud de actividades culturales y lúdicas. Un recuerdo que sigue presente en todas las personas que pudieron disfrutar de esta exposición.

22 de marzo de 2017

Día 4: Un museo etnográfico, un rodelbahn y dos pueblos de cuento

Comenzamos la mañana desplazándonos a Gutach para descubrir el museo al aire libre de la Selva Negra. Es fácil llegar con un GPS y en caso de que no contéis con uno, podéis seguir los letreros del pueblo hasta el Schwarzwälder Freilichtmuseum Vogtsbauernhof. Y para los que queráis ir en transporte público, ¡tiene incluso su propia parada de tren!

Como queríamos aprovechar el día al máximo, a las 9 estábamos a la puerta comprando las entradas (9€/persona). ¡Se nota que los alemanes no son madrugadores! Pudimos disfrutar de la visita casi en solitario durante la primera hora.


El museo está formado por seis casas típicas y tradicionales de distintas zonas de la Selva Negra, que han sido trasladadas piedra a piedra desde su ubicación original, además de molinos, graneros, aserraderos, establos... Aparte de la visita al interior de todas las casas, en las que podréis ver artículos relacionados con la vida cotidiana en estos pueblos, hay demostraciones de artesanía, de funcionamiento de un molino o de cocina de humo negro.


Aunque algunos podáis pensar que está enfocado para niños, creemos que los adultos podemos disfrutar como enanos, conociendo de manera interactiva la forma de vida y trabajo de la zona. Hay bastantes paneles explicativos en distintos idiomas (también en español).

¿Queréis saber el por qué de la forma de sus tejados? ¿Descubrir que se accede por la puerta de entrada, subes hasta el pajar y puedes salir directamente por el tejado a ras del suelo? ¿Qué el color de las borlas de los sombreros típicos diferencian si una mujer está soltera o casada? Creemos que es la mejor manera de viajar por la historia, arquitectura, tradición y costumbres de esta región. Si queréis verlo completo, tendréis que reservar toda la mañana o tarde. 


Justo al lado de este museo, se encuentra el rodelbahn de Gutach, así que tras casi cuatro horas descubriendo la cultura de la Selva Negra, nos dirigimos hacia allí.

Seguro que os estaréis preguntando qué es un rodelbahn... Es una especie de trineo que va sobre unos raíles en la ladera de una montaña. Como en un remonte, te suben a lo alto de la montaña para descender a la velocidad que tú quieras, que puedes controlar con unas palancas a los lados (¡frenos!).


¡Una experiencia recomendable por 3€ (1 viaje) o 14€ (6 viajes)! 

@sommerrodelbahn-gutach.de

Nunca nos acostumbraremos a estos horarios... Ya eran las dos, así que decidimos comer directamente en el kiosco, ya cenaríamos más fuerte. Nada del otro mundo, "comida rápida", pero bastante económica, por 8,5€ comimos una porción de flammkuchen, currywurst con patatas fritas y cerveza.

Nuestro siguiente destino sería el escenario de la película de Charlie y la fábrica de chocolate, un pueblo llamado Gengenbach.  Conseguimos aparcar a 5 minutos a pie de la puerta Kinzig, en un parking gratuito con 5 huecos bien delimitados ¡qué suerte!


Aunque el pueblo es pequeño, nunca está de más tener un plano con un itinerario recomendado. Este paseo, incluyendo paradas, dura en torno a 2 horas.


El circuito comienza en el Ayuntamiento, que presume de ser un calendario de Adviento. Las 24 ventanas se van abriendo día tras día hasta llegar a la Navidad.



En el suelo encontramos marcas que nos guiarán a través del pueblo y sus callejuelas. ¡Este trayecto coincide con el recorrido inicialmente planteado! 

Parece un pueblo sacado de un cuento, con sus casas de entramados de madera, decoradas con preciosas flores. Tenéis que callejear por las calles Engelgasse y Höllengasse, para descubrir rincones únicos y pintorescos.


También nos topamos con la otra puerta de acceso al casco histórico, Obertortum.


Continuamos nuestro paseo hasta llegar a la iglesia de Santa María, con una elegante torre barroca.


Os recomiendo que si tenéis la oportunidad, entréis, os impresionará la belleza y el colorido de su interior, muy difícil de describir con palabras.



Terminamos nuestro paseo comiendo un rico helado en una placita (3,6€). Deshacemos el camino andado hasta el coche y nos dirigimos hacia Schiltach

Las primeras imágenes que nos deja el pueblo son las típicas casas con entramados de madera (en este caso de colores), cargadas de flores y dispuestas a lo largo de los canales. 


Apenas nos cruzamos con gente por la calle, y eso que sólo eran las seis de la tarde. Una empinada cuesta nos lleva hasta la Plaza del Mercado, donde nos encontramos el Ayuntamiento. Mediante una serie de murales se explican hechos relevantes de la historia del pueblo. 


Otro pueblo pintoresco, que recorrimos en algo menos de una hora.



Como se acercaba la hora de cenar (alemana), fuimos de vuelta a Triberg, que por ser un pueblo algo más grande que Schonach, pensábamos que tendría más oferta de restauración. Como los pocos sitios que vimos no nos convencieron, volvimos al restaurante de la noche anterior, donde por 24,4€ cenamos como reyes (dos personas).

Y para relajarnos después de todo el día, ¿qué mejor que un chapuzón en la piscina? 

16 de febrero de 2017

Día 3: Una ruta por la Schwarzwald Panoramastraße

Para este día nos habíamos planteado una ruta por la Schwarzwald Panoramastraße o lo que es lo mismo, la ruta panorámica de la Selva Negra, con un único objetivo, conocer los pueblos pequeños que recorre la carretera y disfrutar de los paisajes.

Tras tomar un buen desayuno en la terraza del apartamento (¡qué buenas vistas!), nos ponemos en marcha. Nos dirigimos a la primera parada, Waldkirch

Una de sus señas de identidad es el castillo en ruinas que corona el pueblo.


Nos acercamos a la oficina de turismo, en la que sólo hablan en alemán... cada vez tenemos más claro que en esta zona sólo veranean alemanes. Como no nos hicimos entender, cogimos un plano y callejeamos por el pueblo.

Entramos en la iglesia de St. Margarethen del s.XVIII.



Era día de mercado, por lo que la Marktplatz estaba muy concurrida. Predominaban los puestos de fruta, todo con muy buena pinta, así que aprovechamos para comprar unas ricas frambuesas.

Muy original el "letrero" del ayuntamiento... 


...y la siguiente fuente que estaba escondida en una placita. 


En poco más de una hora recogimos el coche, destino Sankt Peter. ¿Cuáles son los atractivos de este pequeño pueblo? Una iglesia barroca y su biblioteca rococó.

¿Os gusta el ajedrez? Antes de entrar en la iglesia podéis echar una partidita en un ajedrez a tamaño natural que está justo a la puerta.


Merece la pena entrar en su interior y apreciar el altar, con estatuas decoradas con oro, los frescos o el órgano.



Aunque lo que debe ser realmente impresionante es su biblioteca rococó. Si tenéis la oportunidad, y sois capaces de ajustaros a los horarios de visita no dejéis de verla.

Ya era la hora de comer para los alemanes, y teniendo en cuenta que estos pueblos no son excesivamente turísticos, decidimos dar una vuelta en busca de algún sitio para comer. Un poco alejados de la plaza principal, encontramos el Gasthaus Bürgerstüble, donde por 28€, comimos como dos señores dos platos principales.


El paisaje por el que transcurre toda esta carretera es impresionante, bosques cerrados y oscuros (no me quiero imaginar como puede ser conducir por aquí en invierno) combinados con colinas verdes y pueblos con casas de cuento.

Un repecho de la carretera nos deja la siguiente imagen de Sankt Märgen, dominada por las torres gemelas de una iglesia barroca.


Aparcamos el coche detrás del cementerio, que nos dio la impresión de ser un jardín muy bien cuidado.


En cada una de caras exteriores de las torres hay un reloj (un total de 6), algo que permite ver la hora desde cualquier parte del pueblo, curioso ¿no?


Al entrar, nos sorprende ver un techo plano lleno de frescos, y no las típicas bóvedas.


¡Qué bonito el edificio del Cafe Golden Krone! No os perdáis tampoco la estatua modernista del caballo.


Nos dirigimos hacia Breitnau para hacer una ruta de senderismo, Ravennaschlucht o garganta de Ravenna. A pesar de ser septiembre, estos días están siendo muy calurosos, así que agradecemos poder pasear por un bosque taaaan sombrío. ¡Qué paz y tranquilidad se respira!


Durante todo el camino seguimos el cauce del arroyo Ravenna y pudimos ver distintos saltos de agua. La ruta apenas tiene desnivel y es muy sencilla de hacer, lo que no quiere decir que no vayáis preparados con calzado apropiado para andar. 


¡Qué mejor manera para descansar que tomar una cerveza en el lago Titisee! Si entráis en el pueblo os daréis cuenta de que es muy turístico. Toda la zona alrededor del lago es zona azul. Por suerte, llegamos justo media hora antes de que se terminase la zona azul, como la primera media hora de estacionamiento es gratis, pudimos aparcar relativamente cerca de la calle principal.

Lo prometido es deuda, ¡una cerveza y un refresco! Aunque podéis pensar que la broma puede salir cara, sólo fueron 4.80€. ¡Y con esas vistas!


Dimos un paseo alrededor del lago y otro por la calle principal, que ha perdido su encanto debido a todas las tiendas de souvenirs, restaurantes, hoteles...


¡Qué chulo el "emblema" de este restaurante!


Aquí se hace demasiado temprano la hora de cenar, pero la dueña del apartamento nos recomendó un restaurante en Schonach que ¡deja de servir cenas a las 21h!, así que dejamos el lago natural más grande de la Selva Negra y nos dirigimos hacia Schonach, al Gasthof Wilhelmshöhe. Una botella de agua, una ensalada con calamares a la romana y un plato de bratwurst por 23€.

 

Se nos hizo tarde y no pudimos darnos un chapuzón en la piscina... ¿Qué nos depararía el día siguiente? ¿Sobreviviríamos a la experiencia del rodelbahn?

7 de febrero de 2017

Día 2: Una mañana en Estrasburgo y una tarta en Selva Negra (II)

En tan sólo 40 minutos llegamos a nuestro destino, un pequeño pueblo en la Selva Negra llamado Sasbachwalden. ¿De cuento? ¿Pintoresco? ¿Encantador? ¿Florido? No encuentro un calificativo adecuado para describirlo... 

La carretera principal cruza el pueblo y la atravesamos con los ojos como platos. ¡Qué bonito, qué florido está todo! Aparcamos el coche en el parking de la oficina de turismo, enorme para el tamaño del pueblo. Allí nos atendió una muchacha muy agradable, que nos explicó (en un perfecto inglés) qué podíamos ver en la zona, rutas de senderismo para hacer y dónde podíamos comer la tarta Selva Negra más grande de la región. Además, nos regaló dos pequeñas botellas del licor de cerezas con el que se hacen dichas tartas (¡del tamaño perfecto para llevar en la cabina del avión!).

Nos propuso la siguiente ruta, de aproximadamente una hora. 

@sasbachwalden.de

Decidimos hacer el paseo en sentido antihorario, así que primero nos encaminamos hacia la zona de viñedos.


@sasbachwalden.de

Nos resulta curioso encontrarnos por el camino con neveras (¡que se pueden abrir!) llenas de botellas de vino y licor para servirse y pagar tras beber... sin necesidad de estar vigiladas. 

Otra vez en el pueblo, disfrutamos de rincones con encanto, casas con entramados de madera y fachadas repletas de flores. ¡Qué bonito es todo!


Nos sentamos a descansar en un banco de madera donde comimos con ganas una ensalada de arroz y un bocata. ¡Menuda sensación de paz y tranquilidad! En todo el recorrido apenas nos cruzamos con gente...

Teníamos claro dónde íbamos a tomar el postre. Así que recogimos nuestro coche (no, el hotel restaurante no está exactamente en el pueblo) y nos dirigimos hacia allí. Para los más golosos os indico la dirección: Gästehaus Spinnerhof, en Am Schloßberg, 8.

Allí fue donde nos dimos cuenta que en esta zona muy poca gente habla inglés o francés (el español dábamos por descontado que no lo hablarían). La mayor parte de su turismo es alemán, y eso que está a menos de una hora de la frontera con Francia.

Mmmmm a ver cómo nos entendemos, con estos nombres que son impronunciables... Menos mal que sobre una mesa estaba una tarta enorme y por señas nos entendimos. ¡Ñaaaaaaaam!

Presumen de hacer la tarta más grande de la Selva Negra y lo reconozco, el pedazo es mortal. El plato es grande, no es un plato de postre. A duras penas pudimos terminar el trozo entre los dos. ¡Qué rica! ¿Precio? 4€, sentados en una terraza desde la que podíamos ver el paisaje. ¡Esto sí que es vida!


Más de uno nos pidió permiso para hacer una foto a la tarta, a otros se les antojó y terminaron pidiendo una. ¡Menuda pinta!

Queríamos recorrer la carretera panorámica Schwarzwaldhochstrasse, así que aunque no era el camino más rápido para llegar hasta nuestro alojamiento en Schonach, decidimos hacer un tramo, haciendo una primera parada en el lago Mummel.

Como teníamos que bajar la tarta, nos planteamos hacer una pequeña ruta de senderismo. Nos rodeaba un paisaje característico, con los pinos muy juntos, muy sombrío y oscuro, ya sabemos el por qué del nombre de esta zona... Decidimos seguir un camino que nos permitió ver el lago desde arriba. ¡Qué paisaje más chulo!


En Schonach nos esperaba la dueña de los apartamentos, que nos estuvo enseñando la casa, las instalaciones (piscina cubierta) y dándonos información de la zona.

Para relajarnos, después de todo el día dando tumbos, nos pegamos un buen chapuzón en la piscina, que por suerte cerraba a las diez de la noche. ¡Sí que nos ha dado de sí el día!